A veces, las instituciones educativas no sólo alimentan el espíritu, sino que se encargan de saciar el hambre del estómago. Ya sea por la escasez de recursos económicos de algunas familias, que se subsanó con la creación del sistema de cantinas escolares en muchas iniciativas de educación popular (valga el ejemplo de los Escolapios), o por la ampliación progresiva de los horarios lectivos, que obliga a la permanencia en los centros a la hora de la comida, de ahí la propuesta de las mensas universitarias o de los comedores escolares. Además de imágenes de estos momentos de comidas compartidas, cotidianas o festivas, vemos recogidas en el “Comedor” actividades y lecturas académicas sobre el tema en sí de la alimentación, básico para la vida, por ejemplo, menús confeccionados por alumnas de Magisterio en la teoría y en la práctica.
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